Por: Luis RamÃÂrez Baqueiro

“El pasado tiene sus códigos y costumbresâ€Â. – Sócrates.
En polÃÂtica, pocas cosas resultan más crueles que ver cómo un personaje con oficio termina convertido en caricatura de sàmismo. Y eso es precisamente lo que hoy ocurre con Héctor Yunes Landa, un hombre formado en las entrañas del viejo sistema polÃÂtico mexicano, cuya trayectoria de más de cuatro décadas parecÃÂa destinada a cerrar con el reconocimiento que suele otorgar el tiempo a los polÃÂticos profesionales. Sin embargo, el desenlace que hoy enfrenta apunta en dirección opuesta: la degradación pública de una carrera que, hasta hace algunos años, aún conservaba peso, estructura y respeto.
Porque guste o no, Héctor Yunes fue durante muchos años un polÃÂtico serio. Producto genuino del priismo clásico, entendió desde joven las reglas del poder. Supo construir relaciones, escalar posiciones y aprovechar las oportunidades que el régimen ofrecÃÂa a quienes demostraban disciplina y capacidad operativa. Desde sus tiempos en la CNOP juvenil hasta su paso por el Congreso local, la Cámara de Diputados y el Senado de la República, Yunes Landa fue acumulando experiencia y presencia nacional.
Su problema comenzó cuando confundió habilidad polÃÂtica con derecho hereditario al poder.
La derrota de 2016 frente a la alternancia que encabezó el yunismo marcó un antes y un después. El desgaste provocado por el desastre gubernamental de Javier Duarte terminó arrastrándolo polÃÂticamente en el peor momento posible. Aquella candidatura al Gobierno de Veracruz llegó demasiado tarde y bajo las peores circunstancias. El PRI ya estaba moralmente derrotado antes de la elección.
Pero lejos de reconstruirse polÃÂticamente, Héctor comenzó a exhibir muchos de los vicios que durante décadas el propio priismo incubó: el control de estructuras paralelas, la utilización de partidos satélite para negociaciones personales y la construcción de un clan polÃÂtico familiar. Ahàaparece Alternativa Veracruzana, encabezado por su compadre Alfredo Tress Jiménez, asàcomo la insistencia por colocar a integrantes de su entorno en posiciones legislativas y espacios de poder.
El problema no era únicamente polÃÂtico. Era simbólico. Veracruz comenzó a cansarse de los mismos apellidos, de los mismos grupos y de las mismas prácticas.
Con la llegada de Alejandro Moreno al control nacional del PRI, el margen de maniobra de Héctor Yunes se redujo drásticamente. Ya no era el operador indispensable. Ya no controlaba candidaturas ni definÃÂa listas plurinominales con la soltura de otros tiempos. Y fue entonces cuando apareció la obsesión por mantenerse vigente a cualquier costo.
Porque en polÃÂtica existe algo más peligroso que perder poder: negarse a aceptar que el tiempo polÃÂtico terminó.
La reciente renuncia de Yunes Landa al PRI, partido al que juró jamás abandonar, confirmó precisamente eso. Aquel polÃÂtico que en 2016 aseguraba que morirÃÂa priista entendió que, para conservar espacios, necesitaba romper con la institución que le dio absolutamente todo. No fue un acto ideológico. Fue supervivencia polÃÂtica.
Y en ese contexto llegó el episodio que terminó desbordando la percepción pública: el presunto asalto y robo de una cadena en Boca del RÃÂo. Lo que pretendÃÂa convertirse en una denuncia de alto impacto terminó degenerando en una oleada de burlas, memes, especulaciones y descalificaciones públicas. La narrativa del “sujeto diminutoâ€Â, el supuesto chupetón en la nuca y las inconsistencias del relato provocaron exactamente el efecto contrario al buscado: ridiculizar al personaje.
Ahàradica la verdadera tragedia.
No se trata de un polÃÂtico improvisado o sin historia. Se trata de alguien que sàtuvo carrera, formación y oficio, pero que en el afán de seguir vigente terminó erosionando su propia credibilidad. Y en polÃÂtica, cuando se pierde la credibilidad, difÃÂcilmente queda algo.
Porque al final el poder puede obnubilar incluso a los más experimentados. Y Héctor Yunes parece haber olvidado una lección elemental del viejo sistema que tanto dominó: el retiro digno también es parte de la inteligencia polÃÂtica.
Hoy, mientras Veracruz enfrenta desafÃÂos reales y mientras la gobernadora RocÃÂo Nahle GarcÃÂa mantiene una dinámica de trabajo permanente enfocada en gobernar, algunos actores siguen atrapados en la lógica del protagonismo artificial y la conspiración imaginaria.
Y el problema de vivir obsesionado con los reflectores es que llega un momento en que la luz ya no ilumina… exhibe.
Sextante
Vale reconocer que, en el Congreso del Estado, el presidente de la Junta de Coordinación PolÃÂtica, Esteban Bautista Hernández se anotó un 10 con la propuesta e iniciativa de descontarles de sus dietas a los legisladores faltistas, algo que se reconoce, porque parecÃÂa que los tribunos formaban parte de una casta intocable que podÃÂan hacer y deshacer a sus anchas, sin afectarles en nada, si llegaban o no a las sesiones del Congreso para la cual el pueblo los contrato.
A partir de hoy, quien no se presente, sin justificación, le será descontado el monto correspondiente a su ya de por si jugosa dieta.
Solo cabrá también recordarle al legislador que, si la cita a sesión es a las 12 del dÃÂa, a esa hora debe llegar, puntual a la cita, porque ahàtambién radica mucho del desorden al que hoy le quiere poner un hasta aquÃÂ, fomentado afirman algunos por el mismo.