
En México Mágico, el ingenio para mantener a Doña Chela frÃÂa supera cualquier instinto de supervivencia o respeto por lo macabro.
Lo que pudo ser el inicio de un perturbador documental forense en las costas de Sinaloa, terminó siendo la obra maestra de algún borrachillo visionario con demasiada creatividad.
ImagÃÂnate estar remojando las carnes tranquilamente en Playa Caimanero cuando, de la nada, ves una procesión de «dolientes» cargando un enorme rectángulo azul que contrasta con la belleza del mar.
En un estado donde la nota roja es el pan de cada dÃÂa, la raza ya estaba persignándose, alejando a los niños y preparándose para llamar a los peritos. Muchos creÃÂan que el mar andaba devolviendo evidencias de algún «ajuste de cuentas».
Pero, el horror colectivo se evaporó más rápido que quincena en viernes cuando el misterioso «ataúd» tocó tierra firme.
Al abrirlo, no habÃÂa ningún difunto, sino un paraÃÂso de
heladas flotando en hielo. Alguien con nivel de ingenierÃÂa de la NASA (y mucha sed) improvisó esta macabra hielera para garantizar el abastecimiento sin tener que ir a cada rato al Oxxo.
Pasaron del miedo absoluto a querer invitarle un trago al arquitecto de semejante genialidad.